
Hay lugares donde la naturaleza y la arquitectura parecen abrazarse, y Tejeda es, sin duda, uno de ellos. Desde esta perspectiva, el pueblo se ve como un pequeño oasis de casas blancas y tejados rojizos, protegido por la inmensidad de las montañas volcánicas y la icónica presencia del Roque Bentayga.
La luz en este valle golpea diferente, resaltando las texturas de la roca frente a la calma de la vida en el pueblo. Es una de esas paradas obligatorias en la isla que te demuestra que Gran Canaria es mucho más que playa; es historia geológica y belleza rural. Un paisaje que te invita a detenerte, respirar aire puro y disparar la cámara. 📸🌍
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