
En Tejeda, la luz del sol dibuja sombras duras, pero el ambiente es siempre suave. Esta esquina de «La Dorotea» me regaló una escena puramente callejera y auténtica.
Bajo la sombrilla, dos paisanos arreglan el mundo en una charla animada, con esa complicidad que solo dan los años y la vida en el pueblo. Sus posturas relajadas contrastan con la figura de la mujer en el umbral —quizás la dueña o trabajadora del local— que se toma un breve respiro para observar la vida pasar desde la sombra.
Es esta cotidianidad, este tejido social palpable entre el ocio y el trabajo, lo que más disfruto capturar con mi cámara cuando viajo. No es solo una fachada bonita, es la vida real ocurriendo frente a ella. 📸🎒✨
¿Qué te imaginas que se están contando con tanto entusiasmo? ¡Leo tus teorías en los comentarios! 👇