
A veces hay que dejar el asfalto de la ciudad para sumergirse en mundos totalmente diferentes. En mi visita a Las Palmas de Gran Canaria, el Acuario Poema del Mar ha sido una parada obligatoria y, sinceramente, un espectáculo visual difícil de describir con palabras.
Lo que más me fascina de la fotografía es cómo la luz y el color pueden cambiarte el estado de ánimo. Pasar de los grises urbanos a estos naranjas vibrantes y azules profundos es un respiro para la mente. Observar a este pequeño «Nemo» refugiado en su anémona me recordó que, al igual que en la fotografía callejera, en la naturaleza todo se trata de encontrar el momento exacto y el encuadre perfecto. 📸✈️
Es un lugar donde el tiempo parece detenerse y solo importa el movimiento hipnótico del agua. Si vienes a la isla, guárdate unas horas para perderte aquí.
Cuéntame: ¿Eres más de buscar fotos en el caos de la ciudad o prefieres la paz de la naturaleza? ¡Os leo!