
Caminar por Roma es hacer un viaje constante entre siglos de historia y pequeños momentos que nos anclan al presente. Frente a la imponente estructura del Coliseo, me encontré con este vendedor de castañas asadas, ajeno al bullicio de los turistas y concentrado en el calor de su brasa.
Es fascinante cómo la vida callejera en Italia mantiene tradiciones que parecen inmunes al paso del tiempo. Mientras miles de personas admiran las ruinas de lo que fue el centro del mundo, a pocos metros, el aroma dulce y ahumado de las castañas nos recuerda que la ciudad sigue viva, latiendo en sus detalles más humildes.
Esta imagen fue capturada con mi fiel Fujifilm X-T3, buscando esa textura y color que solo el pie de calle te puede regalar. No hay nada como perderse por la «Ciudad Eterna» con la cámara al cuello y dejarse sorprender por estos contrastes visuales. 📸🌍
¿Qué es lo que más te gusta fotografiar cuando viajas: los grandes monumentos o la vida cotidiana de su gente? Te leo en los comentarios. 👇